el regalo de mayo,

aplastada por el peso de las páginas
que guardan el olor a libros viejos,
sus alas desprendían un polvillo negruzco azulado,
mezcla de tipografía y papel amarillento,
sus ojos fijos tenían la ausencia del amante
y de aquellas tardes en jardines y basureros
donde repentino el amor se hacía grito.
Vive en los abismos de hombres
empañados como espejos el desvelo de los poetas,
la rabia y el miedo que los ataca como alacranes de selvas,
se desvela y sueña con la generación que no conoce,
mariposa negra que reposas eterna en la ‘ciudad sin sueño’
escrita en el puente de Brooklyn de New York,
mariposa que ciñes tu ojo
cuando el anochecer enciende sus pequeñas luces
y deambulamos perdidos en la ciudad
donde nadie duerme.

